El sindicalista y el magnate inmobiliario. Los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Estados Unidos, Donald Trump, han mantenido este jueves una reunión clave para la relación bilateral entre dos países fundamentales en América ―son las dos principales economías del continente―, y dar por superados unos desencuentros que hicieron zozobrar los lazos como pocas veces en dos siglos de vínculos diplomáticos. Sobre la mesa figuraban asuntos como el crimen organizado transnacional, la relación comercial o la guerra contra Irán. “Hemos abordado muchos asuntos, incluido el comercio, específicamente, los aranceles”, ha escrito Trump, que ha descrito a su homólogo como “muy dinámico”. “La reunión ha ido muy bien”. Según el republicano, las dos partes han acordado que sus representantes respectivos se reúnan para “abordar ciertos elementos clave” y se agendarán “encuentros adicionales a lo largo de los próximos meses según vaya resultando necesario”. Debido a las obras para el salón de baile que planea Trump para la Casa Blanca, Lula entró por la puerta sur a la residencia presidencial, donde se había colocado una alfombra roja para recibirlo, en lugar del pórtico norte habitual para las visitas de líderes internacionales. El presidente estadounidense salió a la escalinata especialmente para recibir a un mandatario con el que mantiene una excelente relación personal, pese a encontrarse en el otro extremo ideológico. Ambos se reunieron por espacio de más de una hora antes de continuar su conversación en un almuerzo de trabajo, de otra hora, en el que degustaron una ensalada de cogollos de lechuga, naranja fileteada y aguacate, con un aderezo de cítricos, seguida de un solomillo de ternera con puré de frijoles, pimientitos dulces y condimento agridulce de piña y rábano. De postre, pastel de panna cotta a la miel con melocotones de verano caramelizados. La reunión se había programado para marzo, según Lula, pero la guerra en Irán alteró los planes. Hace apenas unos días se propuso una nueva fecha, lo que obligó al equipo brasileño a trabajar a contrarreloj para prepararse. La Casa Blanca solo confirmó el encuentro, de modo oficioso, 48 horas antes de la visita, cuando un alto cargo indicó que los dos mandatarios abordarían “asuntos económicos y de seguridad de interés común”. Antes del viaje, el vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, había declarado a GloboNews que el objetivo era demostrar que “Brasil no representa un problema para Estados Unidos” y construir una relación de “beneficio mutuo”. El encuentro se ha mantenido en un momento en que el presidente Lula ha intensificado sus críticas a la guerra de Trump contra Irán porque no cuenta con el aval de la ONU y que ha calificado de “locura”. También ha asegurado que el presidente estadounidense “no tiene derecho a levantarse por la mañana y amenazar a un país”, como dijo en una entrevista a EL PAÍS. En el ámbito interno, la visita también revestía importancia política para Lula, quien busca la reelección en octubre frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Según funcionarios brasileños antes del encuentro, Lula iba a priorizar el crimen organizado y el comercio, si bien también se podrían abordar asuntos como los minerales críticos, la guerra en Irán y la situación en Cuba. Acerca de la lucha contra el crimen organizado transnacional, Lula proponía ampliar la cooperación con Estados Unidos para cuestiones como el lavado de dinero, el tráfico de drogas y armas y el control fronterizo. Brasil está abierto a colaborar en la lucha contra grupos criminales —tales como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV)—, pero se opone a que esas bandas queden incluidas en las listas estadounidenses de organizaciones terroristas, como se plantea Estados Unidos. Brasil argumenta que esa designación entraría en conflicto con su legislación interna, que considera a estas bandas redes criminales guiadas por el lucro y no por la ideología, y socavaría la soberanía nacional. En esta reunión, Brasil también buscaba normalizar las relaciones comerciales con Estados Unidos. El gigante sudamericano se encuentra bajo escrutinio por parte de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR) por prácticas relacionadas con el comercio digital y los servicios de pago electrónico, aranceles preferenciales, la aplicación de medidas anticorrupción, la protección de la propiedad intelectual, el acceso del etanol al mercado, la deforestación y el trabajo forzoso. Esas investigaciones sostienen que el sistema de pagos instantáneos de Brasil, Pix, constituye una barrera comercial que perjudica la competencia de las compañías estadounidenses de tarjetas de crédito, tales como Visa y Mastercard. Lula ha defendido enérgicamente a Pix —sistema ampliamente adoptado en todo el país— como una herramienta financiera soberana que no será modificada a causa de presiones externas. Lula argumentará que Pix es administrado por el Banco Central —una institución pública— y no por una empresa privada; por consiguiente, no beneficia a las empresas brasileñas en detrimento de las estadounidenses. A priori, también se consideraba posible que los dos dirigentes trataran sobre los minerales críticos, que no es un asunto de máxima prioridad para Brasilia pero que Trump podría poner sobre la mesa. Brasil posee las segundas mayores reservas mundiales de tierras raras, solo superadas por las de China, pero carece de capacidad (tanto en recursos como en conocimientos técnicos) para explotarlas plenamente. El país sudamericano optó por no unirse a un bloque de minerales críticos liderado por Estados Unidos y lanzado recientemente, prefiriendo en su lugar las negociaciones bilaterales, bajo el argumento de que dicho marco podría limitar el control nacional sobre el desarrollo de sus recursos. También se esperaba que saliera a relucir la guerra en Irán. Además de criticar el conflicto bélico, la administración de Lula ha mantenido el compromiso diplomático con Teherán —miembro de pleno derecho del grupo BRICS desde 2024— durante el transcurso de la guerra. Precisamente la semana pasada, los ministros de Asuntos Exteriores respectivos, Mauro Vieira y Abás Aragchi, conversaron por segunda vez desde el inicio del conflicto. En aquella charla abordaron la necesidad de negociación y desescalada, así como los efectos de la guerra sobre la economía mundial. Brasil depende de la importación de fertilizantes; aproximadamente el 41 % de sus importaciones de urea transitan por el estrecho de Ormuz, lo cual plantea un riesgo de desabastecimiento y un aumento de los costos para los agricultores. Las relaciones entre ambos líderes tuvieron un comienzo tenso. Lula no felicitó a Trump por su elección de 2024, y los dos presidentes no mantuvieron contacto alguno durante varios meses. En julio de 2025, el presidente Trump impuso a Brasil un arancel del 50%, motivado por razones de índole política más que económica. Trump envió una carta a Lula vinculando dichos aranceles con el juicio del expresidente Jair Bolsonaro —al que calificó de “caza de brujas”—, así como con la censura en las redes sociales. Brasil —importante proveedor de café, jugo de naranja y carne de res para Estados Unidos— mantiene un déficit comercial con este país y se encuentra entre los países que enfrentaron los aranceles más elevados. Lula respondió con firmeza y prometió tomar represalias, cosa que después no hizo. Afirmó que Trump estaba recibiendo información incorrecta, lo acusó de actuar como un “abusón” y enfatizó la soberanía de Brasil, al tiempo que dejaba la puerta abierta a la negociación. El tono cambió después de que ambos líderes mantuvieran un breve encuentro tras bastidores en la Asamblea General de la ONU. Trump describió la interacción durante su discurso en el estrado de la ONU: “Yo entraba y el líder de Brasil salía. Lo vi, él me vio, y nos dimos un abrazo. Parecía un hombre muy agradable. Le caí bien. Él me cayó bien a mí. Solo hago negocios con personas que me caen bien. Tuvimos unos 39 segundos de excelente química”. Lula declaró sentirse “sorprendido” por la cordialidad de Trump, confirmó que hubo “cierta química” entre ambos y se mostró “optimista” ante la posibilidad de distender las tensiones. Desde entonces, los dos líderes han conversado por teléfono o videollamada en tres ocasiones y celebraron su primera reunión formal en Malasia el pasado octubre. Poco después de ese encuentro, el presidente Trump levantó la mayor parte de los aranceles adicionales del 50 % sobre los productos brasileños. El resto fue eliminado mediante una decisión del Tribunal Supremo de EEUU en febrero.
Trump y Lula abordan la economía y la seguridad en una cita clave para reencauzar la relación de Estados Unidos y Brasil
El sindicalista y el magnate inmobiliario. Los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Estados Unidos, Donald Trump, han mantenido este jueves una reunión clave para la relación bilateral entre dos países fundamentales en América ―son las dos principales economías del continente―, y d
This article is aggregated from El Pais. DayOff News presents the headline and excerpt to help you discover global news. Click below to read the complete article on the original publisher's website.
Read Full Article at → El Pais