Cuando a los programadores de televisión se les abre un agujero en la parrilla, o necesitan cuadrar la audiencia del mes, el trimestre o el año entero, desempolvan Pretty Woman de su filmoteca, la meten en antena un martes tonto y salvan el culo dos horas. Da igual los años que tenga y las veces que lo pongan; el cuento siempre triunfa. Un tiburón de las finanzas interpretado por Richard Gere contrata los servicios de una prostituta, encarnada por Julia Roberts, la aloja en un hotel de superlujo, la viste de señora fina y la lleva con él a las fiestas de su círculo como si fuera su novia hasta que alguien los descubre; él la niega y la humilla; ella, herida en su dignidad, le deja; él recapacita y, finalmente, acaban juntos y felices mirando a cámara sonriendo a toda piñata mientras el sol se pone por Sunset Boulevard.Seguir leyendo