Los historiadores del futuro podrán escribir sobre la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán también a partir de los plazos que ambas partes (pero, sobre todo, una: el presidente Donald Trump) se han dado, para después incumplirlos. El anteúltimo expira este viernes: son las 48 horas que Washington dio a Teherán para responder sobre ciertos puntos clave en el toma y daca en el que ambas capitales andan enredadas para poner fin a una guerra de, ya, más de dos meses. Washington, como los mercados petroleros, amaneció este jueves pendiente de esa respuesta, mientras se sucedieron las muestras discretas de actividad negociadora lejos del escrutinio público. Entre tanto, el estrecho de Ormuz sigue cerrado por un doble bloqueo: el aplicado de facto por Irán desde los primeros compases de la guerra y el militar impuesto por Trump desde el pasado 7 de abril para los buques mercantes con origen o destino a los puertos del enemigo. Este último se vio reforzado con una iniciativa llamada Proyecto Libertad, de nuevo, anunciada por el presidente de Estados Unidos, que ordenó el domingo pasado a los barcos de la Armada desplegados en el golfo Pérsico que “guiaran” a los petroleros atrapados por la geopolítica en ese cuello de botella por el que pasaba en torno a la quinta parte del suministro energético global. Esas órdenes duraron poco: el martes por la noche (hora de Washington, seis más en la España peninsular), Trump dijo que dejaba en suspenso su aplicación para dar una oportunidad a las negociaciones, con un nuevo plazo: 30 días para acabar con la guerra. Entre los puntos de disenso que hay sobre la mesa, destaca el desacuerdo sobre el alcance del compromiso iraní a una moratoria en el enriquecimiento nuclear, que, según el régimen, lleva en suspenso tras la así bautizada “guerra de los 12 días”, lanzada por Israel en junio pasado. Cuánto tiempo están dispuestos los ayatolás a desistir de ese programa sigue siendo una de los principales fuentes de conflicto, y las posturas de ambas partes están claras desde el mes pasado cuando se vieron en un infructuoso diálogo en Pakistán: Estados Unidos quiere una moratoria de 20 años. Irán, de cinco. Cuál será el punto medio entre ambos órdagos es de momento una incógnita. Estados Unidos envió su propuesta, que era una respuesta, a su vez, de una lista de 14 puntos mandada por Irán, que incluye acuerdos sobre el futuro de la seguridad del estrecho y alivio de la presión económica sobre Teherán. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores del régimen, Esmail Baghaei, declaró el miércoles que su Gobierno estaba ultimando una contestación, y que se la comunicaría a Pakistán, país que se ha erigido en el mediador clave de esta crisis. Ni Teherán ni Washington dieron detalles sobre el contenido del plan estadounidense. Horas antes, otro funcionario iraní lo había desdeñado como una “lista de deseos” de Washington. Este jueves, la CNN informó de que la respuesta de Teherán llegaría antes del final de la jornada, mientras el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, llamó por teléfono a su homólogo paquistaní. Islamabad, escenario de las frustradas tomas de contacto entre ambas partes, se ha mostrado en las últimas horas “esperanzado” en la posibilidad de alcanzar un acuerdo “más pronto que tarde”. Con su ya habitual afición a los mensajes contradictorios, Trump dio por hecho el miércoles que la guerra terminará “rápidamente”. El presidente también insistió en su principal mantra en esta crisis: el objetivo de su Gobierno es “no permitir que [las autoridades iraníes] tengan un arma nuclear”, según repitió en una intervención televisada en un mitin para del candidato republicano a gobernador de Georgia, Burt Jones. Horas antes, había amenazado con retomar los ataques “a un nivel mucho mayor e intenso”, si Irán no cede a sus deseos. Con la guerra en su tercer mes, ya no está claro qué mella hacen las amenazas de Trump en el ánimo iraní. The Washington Post informó este jueves de un documento confidencial de la CIA, que circula en la Administración y que concluye que Teherán está preparada para resistir el bloqueo naval estadounidense durante “al menos tres o cuatro meses” antes de enfrentarse a dificultades económicas más severas. También, que Teherán conserva capacidades significativas en materia de misiles balísticos, a pesar de semanas de intensos bombardeos por parte de Estados Unidos e Israel. Otra exclusiva periodística, esta de NBC, contó que el sorprendente cambio de idea de Trump sobre su plan para facilitar el paso de buques a través del estrecho de Ormuz estuvo influido por la negativa de Arabia Saudí a dejar que el ejército estadounidense usara la Base Aérea Príncipe Sultán —situada al sureste de Riad— o al sobrevuelo de su espacio aéreo para ese Proyecto Libertad. La cadena televisiva también informó de una conversación telefónica entre Trump y el príncipe heredero saudí, Mohammed Bin Salmán, que no sirvió para reconciliar posturas. Este jueves, The Wall Street Journal, publicó, por su parte, que Arabia Saudí y Kuwait habían levantado sus restricciones al uso de sus bases y del espacio aéreo, lo que abre la puerta a que la Administración de Trump reanude sus planes de escoltar buques comerciales con apoyo el Ejército. No está claro aún cuándo podría volver a empezar el Proyecto Libertad, en cuya primera encarnación estuvo vigente solo durante 36 horas.
La guerra se asoma a un nuevo vencimiento pendiente del acuerdo entre Estados Unidos e Irán
Los historiadores del futuro podrán escribir sobre la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán también a partir de los plazos que ambas partes (pero, sobre todo, una: el presidente Donald Trump) se han dado, para después incumplirlos. El anteúltimo expira este viernes: son las 48 horas que Wash
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