Francia cortó la cabeza a sus monarcas borbones hace más de dos siglos. Pero pocas figuras continúan fascinando más que ellos, especialmente si han reinado en otros países. Sus ritos, leyendas y mitos conservan el magnetismo en una parte de la sociedad, como uno de esos placeres culpables. Y cuando esta república mira a España, Juan Carlos I sigue siendo el preferido para muchos, el gran salvador de la democracia. Aunque su figura esté profundamente deteriorada y continúe viviendo en Abu Dabi de mutuo acuerdo con la Casa del Rey. Seguir leyendo