Hacinadas en zulos, en algunos casos sin agua ni luz, en cuanto aterrizaban en España tras ser captadas mediante falsas ofertas de empleo difundidas a través de redes sociales y contactos personales. Jornadas de trabajo en el campo de casi 13 horas diarias, sin descanso y sin apenas remuneración, pues de los supuestos salarios se descontaban gastos por alojamiento, transporte o manutención. Sin contrato ni documentación, y bajo un clima de amenazas, coacciones e incluso agresiones para frenar cualquier intento de huida. Seguir leyendo