Estados Unidos afronta un dilema hacia Irán. Decidido a mostrar una imagen de fortaleza, mantiene su presión sobre el adversario en el estrecho de Ormuz. Pero, poco dispuesto a entrar de momento en nuevas hostilidades, contemporiza sobre las acciones de su enemigo en la zona y asegura que, pese a los lanzamientos de misiles iraníes, el frágil alto el fuego pactado hace casi un mes se mantiene. Tanto Washington como Teherán aseguran, cada uno por su lado, que son sus fuerzas las que controlan ese cuello de botella estratégico y que el otro no tiene ninguna posibilidad de imponerse.Seguir leyendo