Las elecciones de marzo en Castilla y León dieron pie a una paradoja para Vox. Por un lado, el partido obtenía su mejor resultado histórico en cualquier convocatoria. Al mismo tiempo, defraudaba las expectativas generadas por sus logros en Extremadura en diciembre y Aragón en febrero. ¿Qué había pasado? ¿Era un buen resultado solo lastrado por no haber superado el listón del 20% ni haberle comido terreno al PP? ¿O era el síntoma de algún problema en Vox, incluso de una interrupción de su ascenso? Seguir leyendo