Terminé la secundaria con 17 años recién cumplidos (era aquella época en que si habías tenido hermanos mayores en la escuela te aceptaban adelantado algo así como favor de barrio). Recuerdo mi desesperación por contar con un trabajo apenas nos dijeron adiós en las aulas. No fue por necesidad económica sino por exigencia íntima: sentirme adulto independiente.El mismo día de la graduación más temprano tomé el diario y me leí los clasificados. Era la época de Martínez de Hoz con muchos “Todo a dos pesos” y poco empleo. Obvio caí en esos trabajos a comisión que debía salir a la calle a ofrecer ya no recuerdo qué. Con la inocencia propia de un adolescente acepté -al menos en esa época no me hicieron comprar ningún kit de apoyo que ahora a veces parece un requisito- y duré algo así como dos días. Mi proyecto de independencia debería esperar.Distinta fue mi primera incursión en el periodismo. Estábamos en segundo año de la carrera y nos contactaron de una radio de circuito cerrado -la prehistoria de las FM- de la localidad de Carcarañá a unos 50 kilómetros de Rosario. Éramos siete proyectos de periodistas que en un alarde de creatividad los sábados a la tarde hacíamos un programa intitulado “Charlando la siesta”. Nos pagaban los viáticos para tres personas pero nos la ingeniábamos para ir los siete.Pocas veces vi tanta producción. Teníamos entrevistas “archivo” -léase revistas locales y extranjeras cuyas notas retomábamos- y tertulias entre nosotros (bastante preparados los temas: incluía los roles de defensa y de acusación que cada uno protagonizaría). Y así. Fue una experiencia que aún recuerdo como formadora. Y con vergüenza no puedo dejar de pensar en aquel sábado que al leer el informativo no pudimos parar de reírnos. Fue la única vez que el director de la radio -Fredy- nos retó y con razón. Aún ignorábamos las técnicas para sobrellevar esos momentos.Vinieron luego claro trabajos tanto más profesionales pero esa sensación de jineta recién estrenada nunca volvió a aparecer.
Inocente búsqueda de empleo
Terminé la secundaria con 17 años recién cumplidos (era aquella época en que si habías tenido hermanos mayores en la escuela te aceptaban adelantado algo así como favor de barrio). Recuerdo mi desesperación por contar con un trabajo apenas nos dijeron adiós en las aulas. No fue por necesidad económi
This article is aggregated from Clarin Argentina. DayOff News presents the headline and excerpt to help you discover global news. Click below to read the complete article on the original publisher's website.
Read Full Article at → Clarin Argentina