La Casita de Mario es un hogar convivencial municipal ubicado en Escobar que se dedica a la atención especializada de niños y adolescentes sin cuidados parentales. La creación de una cooperadora habilitó a la comunidad a colaborar con la institución. Mientras el municipio cubre las necesidades básicas y estructurales la cooperadora se enfoca en los gastos cotidianos.Norma Lorenzoni es la directora de la institución y explicó a Clarín que no se trata de una institución cerrada sino que trabajan para reconstruir una cotidianeidad contenida y familiar. “No solamente soy directora sino que en algún momento los chicos quieren que estés ahí para peinarlos o llevarlos a la escuela como haría cualquier familia” remarcó.Actualmente en La Casita conviven 19 niños de entre 2 y 16 años que ingresaron como consecuencia de distintos procesos judiciales. Por eso se procura mantener un entorno protegido organizado y reservado para garantizar su bienestar. Todos están escolarizados y se garantizan tratamientos terapéuticos y médicos pertinentes. El acompañamiento es integral y trasciende la lógica administrativa comprende desde estar presentes en los actos escolares hasta irse de vacaciones. “Estamos en todos los momentos que son importantes para ellos desde que se levantan hasta que se acuestan” señaló Lorenzoni.La nueva cooperadora está conformada por 12 vecinos voluntarios de Escobar y se encarga de cubrir las necesidades cotidianas que el presupuesto municipal no cubre de forma inmediata como festejos de cumpleaños viajes de egresados o salidas con sus amigos. “La intención es abrazar su presente que es complicado. No vamos a borrar el daño que se les hizo en el pasado pero en la casita pueden reconstruir su historia es como si volvieran a nacer” sentenció Barbie Foster la presidenta de la nueva cooperadora. "Ellos al hogar no le dicen ´hogar´ le dicen ´casa´" agregó Norma.A partir de los 16 los adolescentes comienzan a recibir becas de políticas públicas. Consisten en cursos de oficios o actividades que les interesen para garantizar que alcancen la mayoría de edad con un conocimiento técnico. Sin embargo el objetivo primordial es que todos los jóvenes terminen la escuela secundaria antes de abandonar el hogar. Este proceso está diseñado para que la transición a la vida adulta sea planificada y no expulsiva al llegar al límite legal de los 18 años.El dinero de las becas que reciben no lo gastan en necesidades básicas sino que lo destinan a costear los cursos de formación y para empezar a comprar los elementos necesarios para su futura vida independiente como juegos de ollas cubiertos bicicletas o sommiers los cuales se guardan en el hogar hasta su partida.“Hemos llegado a tener 29 niños con un pasado muy complejo. Estas historias me atraviesan pero tengo que mantenerme estoica porque soy la figura fuerte y el respaldo que necesitan” admitió Norma. La directora reconoció que la cooperadora también “contiene y sostiene” al personal operativo integrado por 12 cuidadoras distribuidas en turnos de día y de noche; tres personas de maestranza; una cocinera; una operadora de educación y dos encargadas de logística especializadas en salud y documentación.