En el marco del VIII Congreso Argentino de Girasol realizado en Mar del Plata el jueves pasado el director de fitomejoramiento de Corteva Abelardo de la Vega trazó una línea histórica que conecta casi un siglo de trabajo científico con la actualidad productiva del cultivo. Su exposición titulada “Progreso genético del girasol en Argentina: un siglo de mejoramiento” puso números concretos..El punto de partida se ubica en 1931 cuando se crea el primer programa de mejoramiento genético en la entonces Chacra Experimental de la Previsión hoy conocida como Chacra Experimental de Barrow. Desde allí explicó comenzó un proceso sostenido que llega hasta la actualidad y que permitió cuantificar cuánto del crecimiento productivo responde a la genética.Según detalló aproximadamente el 50% del incremento en los rendimientos del girasol en Argentina se explica por la ganancia genética aportada por los programas de mejoramiento mientras que el otro 50% corresponde a mejoras en el manejo agronómico como fertilización uso de herbicidas y sistemas de siembra. “Ha sido un progreso genético constante” remarcó el especialista quien tiene desarrollado más de 40 híbridos.En ese sentido De la Vega subrayó que el ritmo de avance ha sido incluso superior a los estándares internacionales. “Siempre se dice que una ganancia del 1% anual en rendimiento por efecto del mejoramiento genético es alta. En Argentina estamos en torno al 15% en rendimiento de aceite por hectárea” afirmó marcando que se trata de un desempeño destacado considerando los recursos disponibles para la investigación en el cultivo.Ese avance se refleja con claridad en los números históricos. Mientras que entre 1930 y 1970 el rendimiento promedio rondaba los 750 kilos por hectárea de grano hoy supera los 2.000 kilos. Pero el salto es aún mayor si se incorpora la calidad: en aquellas décadas el contenido de materia grasa no superaba el 40-45% mientras que en la actualidad se ubica por encima del 50%. “En términos energéticos el crecimiento de rendimiento ha sido todavía mayor al que muestran las estadísticas” explicó.El foco del mejoramiento recordó está puesto en maximizar los kilos de aceite por hectárea lo que implica trabajar sobre dos variables: el rendimiento en grano y el porcentaje de aceite. Sin embargo en este último aspecto empiezan a aparecer límites. “Porcentajes superiores al 55% son difíciles de manejar desde el transporte el almacenamiento y la industria. Estamos llegando a un límite biológico” advirtió.Por eso hacia adelante indicó que el margen de mejora estará más asociado al incremento del rendimiento en grano por hectárea manteniendo los niveles de aceite alcanzados. En ese camino la inversión en investigación será clave. De la Vega señaló que en las últimas dos décadas el esfuerzo en mejoramiento se redujo en parte por la caída del área sembrada que sufrió el cultivo a comienzos de los 2000 que fue cerca del 50%.“Hoy el girasol volvió a despertar interés y las compañías están reinvirtiendo” indicó aunque dejó una advertencia: si el área se consolida en torno a los 3 millones de hectáreas será necesario profundizar la inversión para sostener el ritmo de innovación.Por otro lado el experto planteó que el escenario productivo además se volvió más complejo. En los últimos 20 años hubo cambios en el ambiente surgieron nuevas enfermedades como Phomopsis cambió la distribución geográfica del cultivo y se incorporaron genes de resistencia a herbicidas. “Todo eso ralentiza el progreso genético pero al mismo tiempo construye un piso más sustentable” explicó.A estos desafíos se suma un factor cada vez más determinante como es el daño por aves. A diferencia de décadas pasadas hoy la presión de palomas obliga a repensar características agronómicas que antes no eran críticas. “Necesitamos capítulos péndulos; con capítulos erectos o semierectos el daño por pájaros es muy alto” cerró.